Las madres surafricanas, no la ley, son quienes toman las riendas de la alimentación saludable de sus hijos. El caso de Meisie Mokoena es un buen ejemplo: alertada por la evidencia de la obesidad precoz de su hijo de cinco años, decidió tomar cartas en el asunto e instaurar un régimen de alimentación saludable en casa. En España, sin embargo, hay que aguantar el insulto a la inteligencia de una subida de impuestos a las bebidas azucaradas en aras de la salud pública o que se planteen nuevas normas para encarrilar la vida de las familias en el cuidado de la salud desde el Estado protector. El caso de Meisie es solo una anécdota, pero hace pensar: es posible que el problema de los déficits de alimentación saludable en los sedicentes países desarrollados no sea tanto la falta de normativas como la jibarización de la conciencia cívica. Eso implica una llamada en toda regla a la responsabilidad ciudadana: cada cual es responsable de la gestión de su propia salud, la ley no puede ser un anestésico ante los desafíos de tomar decisiones sobre la propia vida. Eso también es ciudadanía. Calidad democrática.


 

Foto: Junk Food, blog de referencia del post.